Podcast Catolicos en Camino
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Este podcast es un proyecto sin fines de lucro con fines catequéticos. Todo el contenido se comparte con respeto y tiene fines espirituales y formativos. No sustituye acompañamiento pastoral ni profesional. En caso de reclamo, el material será retirado.
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Santo Evangelio Diario 16 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo fiesta Virgen del Carmen 17.07.2026 4min16 Julio Nuestra Señora del Carmen Isaías 26, 7-9. 12. 16-19: “Despierten jubilosos, los que habitan en los sepulcros” Salmo 101: “El Señor tiene compasión de nosotros” San Mateo 11, 28-30: “Soy manso y humilde de corazón” ¿Qué dejan en mi corazón estas breves palabras de Jesús? ¿Cuáles son las cargas que me oprimen y hacen mi vida pesada? Esta imagen de Jesús que invita a acercarse a Él a todos los que están fatigados y agobiados por la carga, es continuación de toda una actitud vital. Siempre ha asumido una misión que va dirigida sobre todo a los pequeños y humildes, que son en muchos sentidos quienes llevan no sólo las propias cargas sino también las cargas de toda la sociedad. ¡Qué contradictorios somos! Muchos pueblos miran a los pobres, a los ancianos, a los enfermos, como una carga, por el contrario, Jesús dirige su mensaje y su Evangelio a todos estos que se sienten agobiados. Sería conveniente que miráramos cuáles son las cargas que oprimen nuestra vida. Con frecuencia son fardos que nosotros mismos nos hemos ido imponiendo y que no son importantes. El rencor y la venganza, las envidias y rivalidades, los vicios y malas aficiones hacen pesada la vida de cualquier persona. Habría que observar que unas cargas ya son naturales a la vida de toda persona, pero que otras muchas las vamos cargando “de a gratis”, y que lejos de ayudarnos hacen más difícil nuestra vida. A todos, a quienes llevan esas dificultades propias de toda vida como la enfermedad, el dolor, la necesidad; o a quienes se han impuesto nuevas e inútiles cargas, a todos nos llama Jesús. Y, curioso, ¡nos invita a tomar una nueva carga! Su yugo. Sí, ese instrumento que asociamos al más duro de los trabajos, al más callado de los esfuerzos. Sin embargo, nos asegura que será suave y ligero, porque es un yugo llevado con el sentido del servicio y del amor. Pone sus condiciones: hacer el corazón igual o semejante al suyo, manso y humilde. Manso, con la armonía y mansedumbre que da la paz interior; humilde que, reconociendo las capacidades, y dejando a un lado las ambiciones, el orgullo y la envidia, encuentra la felicidad en el servicio y en el reconocimiento de los demás. Hoy nos acercamos a Jesús, contemplamos su rostro lleno de misericordia, nos ponemos en sus manos y dejamos que tome por su cuenta todas nuestras cargas y preocupaciones. Así encontraremos la verdadera paz que anhela nuestro corazón.
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Santo Evangelio Diario 15 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz 16.07.2026 4min#15deJulio ¡Buenos días! Este miércoles de la XV semana del tiempo ordinario compartimos el #EvangelioDeHoy según San Mateo 11, 25-27En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar''.
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EL PADRE VICENTE, DIARIO DE UN CURA DE BARRIO 31. La guerra de los 15 años 15.07.2026 22minLa guerra de los 15 años¿Una fiesta para lucirse y competir?
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Santo Evangelio Diario 14 de julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 14.07.2026 4minPaz y BienReflexión del Evangelio Diario en voz de Monseñor Enrique Diaz Diaz obispo de Irapuato ESCUCHALO MEDITALO Y COMPARTE14 Julio San Camilo de Lelis Isaías 7, 1-9: “Si ustedes no creen en mí, irán a la ruina” Salmo 47: “Dios es nuestro defensor” San Mateo 11, 20-24: “El día del juicio será menos riguroso para Tiro, Sidón y Sodoma que para otras ciudades” Con frecuencia nos sorprendemos por la dureza del corazón de los contemporáneos de Jesús y hasta nos atrevemos a decir: “Si yo hubiera visto a Jesús seguramente habría sido su fiel seguidor”. Pero no hay tanta diferencia entre aquellas ciudades y quienes hoy no nos atrevemos a seguir con radicalidad a Jesús. La crítica y los reclamos de Jesús a quienes habían visto sus milagros y no quieren creer, también podrían ser para los que hoy escuchamos su palabra, conocemos su vida y no nos atrevemos a seguirlo o solamente lo hacemos cuando nos conviene. Las palabras con que concluye el pasaje de Isaías que anuncia graves peligros de las naciones vecinas pero que Dios sostiene con fidelidad nos pueden dar una pauta para nuestra propia vida: “Y si ustedes no creen en mí, también irán a la ruina”. No podemos quedarnos sorprendidos de que las multitudes que habían visto los milagros de Jesús, no tuvieran fe. No podemos admirarnos de que Jesús proponga como mejores a las ciudades que los judíos tradicionalmente consideraban pecadoras, como menos culpables que quienes no oían sus palabras. A nosotros nos puede pasar lo mismo. Hemos escuchado la palabra de Jesús, pero no nos atrevemos a creer con absoluta entrega. Hemos oído sus milagros, pero siempre queda la duda en nuestro corazón. Conocemos su predilección por el Reino, y sin embargo nos jalan los reinos de este mundo con sus atracciones y mentiras. ¿Creemos realmente en Jesús? A veces damos la impresión de tener sólo una fe superficial que cuando es tocada por la duda, por los problemas y por la adversidad, tiembla y está a punto de perderse. Otras muchas parecemos avocarnos más a los sacrificios y rituales, a ciertas prácticas religiosas, que a una verdadera conversión que implique toda nuestra vida. Hoy escuchemos las palabras adoloridas de Jesús ante sus conciudadanos que no han querido creer y solamente esperan más milagros y más palabras bonitas, pero no están dispuestos a seguirlo ¿Nos pasará a nosotros igual? ¿A qué nos llama Jesús en nuestros días?
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Santo Evangelio Diario 13 de Julio Monseñor Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 14.07.2026 4min13 de julio San Enrique Isaías 1, 10-17: “Purifíquense y aparten de mi vista sus malas acciones” Salmo 49: “Dios salva al que cumple su voluntad” San Mateo 10, 34-11, 1: “No he venido a traer la paz, sino la guerra” ¿A quién no le parecen sorprendentes las palabras que hoy nos ofrece San Mateo? Siempre hemos afirmado e insistido en buscar una verdadera paz, siempre luchamos contra las divisiones, procuramos y aseguramos que el respeto en la familia es la base de una sociedad sana. Sin embargo, hoy encontramos sentencias en los labios de Jesús que nos desconciertan si no atendemos al espíritu con que son dichas y recogidas. Jesús es el signo más grande de paz, es Él el príncipe de la paz. En su nacimiento se proclamó “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” ¿Entonces por qué nos dice que no ha venido a traer la paz sino la guerra? ¿Se justifican con estas palabras las guerras religiosas que siempre han dividido a los pueblos y han causado tantas desgracias? De ninguna manera. Estas sentencias que recoge San Mateo nos vienen a expresar la radicalidad que Jesús exige a todos sus discípulos. No pide una guerra de intereses y egoísmos como las que nos inventamos nosotros. No favorece una división por intereses mezquinos como sucede en nuestros grupos y aun en nuestras familias. Pero sí deja muy en claro que su seguimiento no es un “juego”, no es una postura exterior, que pueda compaginarse con actitudes injustas, provengan de quien provengan. Nadie más exigente que Jesús en el cuidado de la familia y en el respeto a los padres, pero no pueden los lazos familiares excusarnos de vivir plenamente el Evangelio. Es triste comprobar que hay grandes líderes que traicionan y engañan por lazos familiares. No podemos decir y exigir verdades al exterior y vivir en la injusticia y en la mentira al interior de los hogares. Las palabras de Jesús, lejos de apartarnos del hogar y de la familia, establecen una exigencia mayor de coherencia y amor al interior de nuestras familias. La paz que necesitamos construir con Cristo no es una paz de indiferencia o de acomodos políticos en detrimento de la verdad y de la justicia. La paz que Jesús exige es un fuego que arde en contra de la mentira y la discriminación; que ilumina la oscuridad de la corrupción y del engaño; que descubre el interior del corazón. ¿Qué nos hace pensar esta radicalidad de Jesús?
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La Verdadera Sabiduría 1_ Buscad a DIOS con humildad catequesis padre Antonio Pavía 13.07.2026 57minCatequesis primera del ciclo La verdadera Sabiduríahttps://youtu.be/LTBbuPwAOf4?si=tZuvX131P3W1eJ0qcomunidadmariamadreapostoles.com padre Antonio Pavía (qepd)
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Santo Evangelio Diario Domingo 12 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 12.07.2026 9minreflexión del Evangelio XV Domingo Ordinario, pr Mons. Enrique Diaz DiazObispo de irapuatoComo creyente, reflexiono sobre nuestra relación con la "madre tierra" y la urgencia de actuar ante su deterioro. Al leer los textos de este domingo, me doy cuenta de lo siguiente:Reconozco el daño a la creación: Me duele ver cómo la explotación irracional, la contaminación y el consumismo han llevado a nuestra casa común al borde del colapso. Entiendo que no es culpa de la naturaleza, sino de nuestra propia depredación y falta de responsabilidad.Comparto el anhelo de liberación: Siento, como describe San Pablo, que la creación gime con dolores de parto. Sin embargo, mantengo la esperanza de que, al reconocernos como hijos de Dios y hermanos de todos, podemos transformar nuestro corazón y liberar a la naturaleza de su actual decadencia.Asumo mi papel como sembrador: Más allá de ser solo la tierra que recibe la Palabra, decido tomar el papel del sembrador. Me comprometo a sembrar esperanza con abundancia y sin miedo, incluso en terrenos difíciles o entre espinas, confiando en que la Palabra tiene el poder de transformar los corazones.Me cuestiono y actúo: Me pregunto seriamente qué estoy haciendo por cuidar la Tierra y cómo estoy sembrando la Palabra en mi entorno cotidiano. No quiero ser un simple espectador del deterioro, sino un agente activo que siembra vida y cuidado en cada acción.Elevo mi oración: Me dirijo al Padre Bueno pidiendo palabras verdaderas para responder a su Hijo, reconociendo que su Palabra es la que hace todo nuevo y bello.
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SANTO EVANGELIO XV DOMINGO ORDINARIO Padre Antonio Pavía www.comunidadmariamadreapostoles.com 12.07.2026 1hEvangelio según san Mateo 13, 1-23Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.El que tenga oídos, que oiga».Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:«Por qué les hablas en parábolas?».Él les contestó:«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,ni convertirse para que yo los cure”.Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».Reflexión: Tu alma, parcela de DiosJesús nos habla hoy de un sembrador que esparce sus semillas por sus campos. Unos estaban descuidados, con piedras, zarzas, hierbajos..etc, de forma que todo se secaba y echaba a perder. También menciona parcelas bien cuidadas que dieron fruto en abundancia. Nuestra alma es una parcela de Dios, pero como dice San Pablo, tenemos una fuerte inclinación al mal (Rm 7,15..), inclinación que provoca que nuestra parcela se convierta en un erial, en el que acumulamos, incongruencias, mediocridades, y rezos que, aunque uno se sepa el Evangelio de memoria, no se hacen para estar a gusto con Dios sino sólo para "cumplir", ¡como si esto le importase algo a Él!... en fin, demasiados abrojos y estorbos que anulan la posibilidad de dar fruto.. . Y si esta es nuestra situación nos preguntamos: ¿Para qué intentar ser discípulos de Jesús... ¿Qué esperanza tenemos de llegar a serlo?.. La buena noticia es que nuestra esperanza es que como sucedió con Leví el publicano. (Lc 5,27-29) Jesús pasa a nuestro lado y nos dice: ¡Sígueme! Y nosotros, perplejos ante esta deferencia del Hijo de Dios, nos levantamos de la mesa, bazar de nuestros desperdicios, y le seguimos... Y al dar este paso nuestra alegría es tal, que "montamos" una Fiesta en nuestra casa.Padre Antonio Pavía
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Evangelio Diario 11 de julio Mons Enrique Diaz Obispo de irapuato 12.07.2026 4min10 Julio Oseas 14, 2-10: “Nunca llamaremos ya ‘dios nuestro’ a las obras de nuestras manos’ Salmo 50: “Abre, Señor, mis labios y te alabaré” San Mateo 10, 16-23: “No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre” Muchos cristianos del día de hoy se horrorizan al escuchar que Jesús es perseguido y que la Iglesia es cuestionada. Ya las primeras comunidades sufrían persecución y tenían que mantenerse muy firmes en la fe frente a los terribles ataques que recibían tanto del poder romano, como de la cultura griega o de la religión judía. Para todos era inconcebible la forma en que Cristo había proclamado su Buena Nueva y la manera como los discípulos ahora la intentaban vivir. Mateo recuerda las palabras de Jesús y nos las ofrece como una preparación para todas estas situaciones. No teman la persecución, no teman el juicio, el Espíritu hablará por ustedes. Pero lo que sí debemos temer y reconsiderar es si la persecución es porque estamos siendo fieles al evangelio de Jesús y mirar si lo que pretendemos construir es el reino. Si la persecución es a causa del Evangelio o, porque habiendo desvirtuado el Evangelio, nos hacemos reos de delitos que se deben perseguir. Otra vez es Oseas en la primera lectura el que pone el dedo en la llaga: “Conviértete, Israel, pues tu maldad te ha hecho sucumbir. Arrepiéntanse y acérquense al Señor diciendo: ‘perdona nuestras maldades’”. Israel ha caído en la destrucción y ha sufrido persecuciones, pero no es a causa de su fidelidad al Señor, sino todo lo contrario: es a causa de sus injusticias y de poner su confianza en “otros dioses”. El Señor promete salvación, liberación y perdón, con una única condición: el verdadero arrepentimiento. Todas estas imágenes nos ayudarán, por una parte, a cuestionarnos seriamente si somos fieles al Señor; y por la otra, a tener una confianza ilimitada en que, si somos fieles al Evangelio, el Espíritu hablará por nosotros. Pero la clave estará siempre en la fidelidad, no sea que la persecución y el reclamo sean con justa razón por haber contaminado el Evangelio. Hoy más que nunca tendremos que ser precavidos como serpientes para no caer en las redes del mal y sencillos como palomas para seguir depositando nuestra confianza en Jesús, nuestro único salvador.
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Santo Evangelio Diario 10 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 11.07.2026 4min10 Julio Oseas 14, 2-10: “Nunca llamaremos ya ‘dios nuestro’ a las obras de nuestras manos’ Salmo 50: “Abre, Señor, mis labios y te alabaré” San Mateo 10, 16-23: “No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre” Muchos cristianos del día de hoy se horrorizan al escuchar que Jesús es perseguido y que la Iglesia es cuestionada. Ya las primeras comunidades sufrían persecución y tenían que mantenerse muy firmes en la fe frente a los terribles ataques que recibían tanto del poder romano, como de la cultura griega o de la religión judía. Para todos era inconcebible la forma en que Cristo había proclamado su Buena Nueva y la manera como los discípulos ahora la intentaban vivir. Mateo recuerda las palabras de Jesús y nos las ofrece como una preparación para todas estas situaciones. No teman la persecución, no teman el juicio, el Espíritu hablará por ustedes. Pero lo que sí debemos temer y reconsiderar es si la persecución es porque estamos siendo fieles al evangelio de Jesús y mirar si lo que pretendemos construir es el reino. Si la persecución es a causa del Evangelio o, porque habiendo desvirtuado el Evangelio, nos hacemos reos de delitos que se deben perseguir. Otra vez es Oseas en la primera lectura el que pone el dedo en la llaga: “Conviértete, Israel, pues tu maldad te ha hecho sucumbir. Arrepiéntanse y acérquense al Señor diciendo: ‘perdona nuestras maldades’”. Israel ha caído en la destrucción y ha sufrido persecuciones, pero no es a causa de su fidelidad al Señor, sino todo lo contrario: es a causa de sus injusticias y de poner su confianza en “otros dioses”. El Señor promete salvación, liberación y perdón, con una única condición: el verdadero arrepentimiento. Todas estas imágenes nos ayudarán, por una parte, a cuestionarnos seriamente si somos fieles al Señor; y por la otra, a tener una confianza ilimitada en que, si somos fieles al Evangelio, el Espíritu hablará por nosotros. Pero la clave estará siempre en la fidelidad, no sea que la persecución y el reclamo sean con justa razón por haber contaminado el Evangelio. Hoy más que nunca tendremos que ser precavidos como serpientes para no caer en las redes del mal y sencillos como palomas para seguir depositando nuestra confianza en Jesús, nuestro único salvador.
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Santo Evangelio Diario 9 de julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 09.07.2026 4min9 julio San Agustín Zhao Rong y compañeros mártires Oseas 11, 1-4. 8-9: “Mi corazón se conmueve” Salmo 79: “Ven, Señor, a salvarnos” San Mateo 10, 7-15: “Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente” Jesús establece para sus discípulos las bases de su misión: les indica a quienes deben ir primero, sin ser exclusivos, les manifiesta el mensaje, sus condiciones, lo que es necesario llevar. Los instruye perfectamente para esa primera misión. Sorprendente la sencillez y precariedad de lo que pueden portar, prácticamente nada, solamente su confianza en Dios. ¿Cómo miraría Jesús hoy a nuestra Iglesia y qué recomendaciones nos daría? ¿Estará contento con los resultados de su gran sueño sobre Reino? ¿Es ésta la Iglesia que Jesús siempre se quiso construir? Indudablemente que tendremos que estar siempre atentos y en revisión sobre si esta Iglesia es fiel al Evangelio de Jesús o si muchas cosas se nos han ido adhiriendo en el camino y terminan por pesarnos y ser demasiado importantes, a tal grado que a veces ¡oscurecen el mensaje!, como denuncia el Papa Francisco. Nuevamente la primera lectura tomada del tajante Oseas parece ayudarnos a entender mejor el mensaje. A Israel en el camino se le ha olivado lo más importante que es el amor que le ha tenido Dios y por medio de Oseas le recuerda con palabras tiernas: “yo lo amé… le enseñé a andar, lo atraía hacía mí con los lazos del cariño, con las cadenas del amor… yo fui para él como un padre que se inclina hacia su creatura y la estrecha para darle de comer”. Palabras de un amor que no puede acabar… es la voz del profeta y es la misma misión que tiene Jesús y que confía a todos sus discípulos. Por eso Jesús insiste tanto en lo que es más importante: para hablar de un amor así de grande no se necesitan grandes propagandas ni tampoco muchos presupuestos, se necesita ser testigo de amor. Muchas veces criticamos a los llamados jerarcas de la Iglesia, pero sin disculpar que también ellos tengan que ponerse en revisión, a todos nos toca examinar cómo estamos siendo fieles a la misión que Jesús nos encomienda. Es drástico en sus exigencias, pero también es magnánimo en su amor. Nos invita a que en cada hogar podamos llevar la verdadera paz y que sembremos la palabra del Reino. ¿Estaremos cumpliendo con esta misión o nos hemos desviado? ¡Revisemos cada cual nuestra forma de evangelizar!
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Evangelio Diario 8 de julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 09.07.2026 4min8 Julio Oseas 10, 1-3. 7-8. 12: “Ya es tiempo de consultar al Señor” Salmo 104; “Recurramos al Señor y a su poder” San Mateo 10, 1-7: “Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel” Oseas, el profeta que en estos días estamos leyendo en la primera lectura, nos sorprende con sus imágenes tan vivas para hablar del amor de Dios por su pueblo. En capítulos anteriores lo había comparado al fiel amor de un enamorado que va en busca de la esposa que se ha prostituido. Hoy encontramos la imagen de la vid frondosa que navega entre dos amores: su amor al dinero y su adoración a los ídolos paganos. La insistencia de Oseas se manifiesta en las urgentes llamadas a la conversión y al cambio. “Siembren justicia y cosecharán misericordia”. Este mismo amor y predilección por el pueblo de Israel se manifiesta también en las primeras recomendaciones a los discípulos que son enviados: “Vayan primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Y no es que Jesús no quiera que su mensaje se abra a los horizontes universales de toda la humanidad. Al contrario, eso espera y desea. Pero siempre habrá esas ovejas que el Señor ama y a las que es fiel. Al escuchar hoy los nombres de los discípulos y contemplarlos recibiendo su misión, me quedaba pensando si también ahora no nos hace falta ir primero a los de casa. Sí, a esos que han sido bautizados pero que se han quedado atorados entre el dinero y la superstición; a esos que fácilmente pueden vivir entre la injusticia y el rosario; a esos que con un ritual reciben el sacramento solamente para desacreditarlo después con sus acciones. Se necesita evangelizar a los de casa. Cada uno de nosotros tendremos que ponernos en estado de alerta y mirar si en nuestro corazón no se han instalado esos demonios a los que Jesús pide expulsar; tendremos que reconsiderar si nuestro amor a Dios es fiel, o se ha mezclado con tintes idólatras y convenencieros. Tendremos que revisar si para nosotros tienen significado las palabras de Jesús que urgen a publicar que el Reino de los cielos está cerca. Sí, somos cristianos, pero no damos los verdaderos frutos que se esperarían de un discípulo. Revisemos y corrijamos nuestras conductas. Que la expulsión de demonios impuros, la curación de enfermos y la sanación del corazón, junto con el mensaje evangélico, sea la tarea para cada uno de nosotros.
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Santo Evangelio Diario 7 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 08.07.2026 4min7 Julio Oseas 8, 4-7.11-13: “Siembran vientos y cosecharán tempestades” Salmo 113: “Nosotros confiamos en el Señor” San Mateo 9, 32-38: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos” Hay proverbios que vienen desde muy lejos y que vuelven a hacerse presentes a cada momento. La primera lectura tomada del profeta Oseas contiene uno de esos dichos, que parecen calcarse en nuestra realidad: “El que siembra vientos, cosecha tempestades”. Y reclama el profeta al pueblo de Israel su infidelidad, su idolatría, su confianza en sus propias fuerzas y sus sacrificios hipócritas que no están respaldados por obras buenas. ¿Y nosotros? ¿Qué estamos sembrando? Nos quejamos amargamente de todas las expresiones de violencia y de maldad que estamos oyendo y contemplando cada día… ¿De dónde brotan? ¿Acaso no es eso lo que hemos sembrado? Si quitamos a Dios del corazón de los niños, si les enseñamos a vivir su existencia en el libertinaje, si nos ufanamos de haber superado “los principios morales”, no podemos extrañarnos que ocurran en medio de nosotros los más horrendos crímenes. Tenemos que sembrar el amor y la armonía en el corazón de los hombres, si no, nunca podremos superar toda la violencia y la maldad que estamos sufriendo. Cristo hace y propone un camino que nos parece todo lo contrario a lo que propone el mundo. Expulsa un demonio mudo que le impide a un hombre hablar, recorre las ciudades y los pueblos anunciando el Evangelio del Reino de Dios, cura de toda enfermedad y dolencia… mientras nosotros cerramos la boca a quienes pretenden anunciar el Evangelio, nos interesamos solamente por nuestros propios problemas, no queremos molestarnos en buscar caminos del bien para nuestros niños y nuestros jóvenes. Los sentimientos de Jesús al contemplar las multitudes de hoy son los mismos de los que tenía en aquel tiempo, pues ahora también andamos “como ovejas sin pastor”. Estos días son una oportunidad para percibir y para mostrar el amor de Dios encarnado en Jesús su Hijo. Retomemos hoy su camino, unámonos en oración y busquemos sembrar el bien en el corazón de toda persona que esté a nuestro lado. No dejemos que nadie se pierda, que nadie ande solitario en el camino. Que todos puedan sentir la mano amiga de un hermano que los acompaña.
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Santo Evangelio Diario 6 de julio Mons Enrique Diaz Obispo de irapuato 06.07.2026 4min6 de Julio Santa María Goretti Oseas 2, 16.17-18.21-22: “Yo te desposaré conmigo para siempre” Salmo 144: “El Señor es compasivo y misericordioso” San Mateo 9, 18-26: “Mi hija acaba de morir; pero ven tú y volverá a vivir” Dos mujeres que han quedado a mitad del camino. La una porque la muerte la ha alcanzado, la otra porque la infertilidad y la hemorragia la condenan delante del pueblo. ¿Qué hará Jesús? La mujer en Israel era considerada poca cosa, casi como una de las pertenencias del hombre y si por alguna razón quedaba impura o estéril, su situación se tornaba peor porque eran consideradas, además, fuente de contaminación para quienes las tocaran. Jesús no teme a las leyes que matan, Jesús supera todos los atavismos. Se deja tocar por la hemorroisa, y toca a la niña que estaba muerta. Dos acciones que conllevaban la impureza, pero Jesús no solamente las toca, sino que les devuelve la salud y la vida. En nuestros ambientes aún se siente un grave desprecio a la mujer, aunque de palabra se diga lo contrario, y tendremos que aprender mucho de la forma de actuar de Jesús. Su relación con la mujer es siempre de acogida, de ternura y de dignidad. Cuando por alguna razón quien a Él se acerca tiene mayores problemas y descalificaciones, siempre encuentra en Jesús una nueva perspectiva en su vida. En el hogar, en el trabajo, en toda la vida social, se encuentra la mujer. Debemos reconocer unos y otras, esta forma de tratar Jesús a la mujer: ni sirvienta, ni fuente de placer, ni menos, ni más, ni enemigo o contrincante. Una persona de igual dignidad y con igualdad de derechos. En nuestra sociedad machista tendremos que mirar muy de cerca a Jesús. Por cierto, que la primera lectura tomada del profeta Oseas, nos ofrece una de las imágenes más bellas del amor de Dios por su pueblo: el novio enamorado que lleva a su amada al desierto para hablarle “cosas de amor”, para renovar su cariño. Busca consolidar los desposorios en justicia y en rectitud. Bella imagen del matrimonio entre Dios y su pueblo y gran ejemplo para el matrimonio cristiano. La búsqueda de renovación y de entrega plena, el encuentro en los lugares para el diálogo y la intimidad, la aceptación del otro para superar los errores, deberán ser ejemplos vivos para los matrimonios actuales. Pidamos por los matrimonios y que cada pareja busque ser espejo fiel del amor de Dios por su pueblo. Y que cada mujer sea tratada y respetada como Hija y templo de Dios.
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La Verdadera Sabiduría introducción a las 8 catequesis padre Antonio Pavia 06.07.2026 41minhttps://youtu.be/mQarsxLrksc?si=fOjSZKOdRvEAheuMintroducción a las 8 catequesis del cicloLa Verdadera Sabiduria
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Evangelio del Domingo XIV del Tiempo Ordinario (Mt 11, 25-30) Homilia Padre Antonio Pavía 05.07.2026 59minDomingo XIV del Tiempo Ordinario (Mt 11, 25-30)En ti Señor, descansa mi alma.Jesús exultante de gozo dice al Padre: "Te bendigo Padre, porque has escondido estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños."En realidad Jesús empleo el termino "pequeñuelos". Así es como llama a sus discípulos de todos los tiempos; a quienes dejando de lado la gloria de este mundo, se abrazan a "estas cosas", a las "cosas santas" de Dios que nos santifican como leemos en la Escritura: "Los que guarden santamente las cosas santas de Dios, serán santificados por ellas." (Sb 6, 10) De esto nos habla hoy Jesús; de amar tanto las cosas santas de Dios, depositadas en el Cofre de sus Palabras, que"nos apropiemos de ellas" teniendo así acceso al Misterio de Dios. El problema es que el mundo no soporta a quienes viven abrazados a la Sabiduría de Dios, a sus Palabras, y los desprecian de mil formas, incluso con la persecución. No nos preocupemos; oigamos lo que Jesús dice a continuación: "Venid a mí los fatigados y despreciados, os enseñaré lo que el mundo nunca podrá dar, ni alcanzar, ni conseguir: !El descanso del alma!P. Antonio Pavíacomunidadmariamadreapostoles.com
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Santo Evangelio Domingo XIV del Tiempo Ordinario Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 05.07.2026 9min#5DeJulio ¡Buenos días! En este XIV domingo del Tiempo Ordinario compartimos el #EvangelioDeHoy según san Mateo 11, 25-30:En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera''.
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Santo Evangelio Diario 4 de julio Mons Enrique Diaz 05.07.2026 4min4 Julio Nuestra Señora del Refugio Amós 9, 11-15: “Haré volver a los cautivos de Israel y los plantaré en su suelo” Salmo 84: “Escucharé las palabras del Señor” San Mateo 9, 14-17: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos, mientras el esposo está con ellos?” Amós que parece tan implacable frente a la injusticia y a la corrupción, podría inducir a alguno a tomar actitudes pesimistas en aquel tiempo y también ahora. Sus denuncias suenan como condena de “casi” todo el pueblo. Pero en el pasaje de este día brota la esperanza: de un pequeño resto el Señor levantará un nuevo pueblo: “Aquel día renovaré la casa de David convertida en ruinas, taparé sus hoyos, levantaré sus muros y la reconstruiré”. De donde parece que nada bueno puede surgir, el Señor hace brotar la esperanza. Nunca el mal podrá vencer por más que nos amenacen las tinieblas. Pero no será con los ritos, no será con las intransigencias de las leyes, no será con las ceremonias, sino con la justicia y la verdad. Se espera como una nueva creación. Y esta nueva creación, este nuevo pueblo, se inicia con la presencia de Jesús que aparece como el novio que viene a llenar de alegría a toda la comunidad. Por eso los discípulos del Bautista no entienden tanta alegría y tanta felicidad y quieren seguir en el camino del ayuno y de la ley. La presencia de Jesús provoca una nueva esperanza e inicia la presencia del Reino nuevo. Todos debemos tener una gran alegría porque se ha acabado el tiempo de la espera. Quizás nosotros, sus discípulos, no hemos entendido el verdadero significado de su presencia y no manifestamos una verdadera alegría. Quizás preferimos la seguridad de las leyes y las mezquindades de una religiosidad que no cambia el corazón y se queda en exterioridades. Jesús hoy nos dice que el verdadero discípulo no puede vivir bajo el signo de la muerte y de la ley; tiene que vivir bajo el signo del amor y de la vida. Jesús asume para sí mismo esta imagen del novio que llena de amor y alegría a todos. Quizás nosotros vivimos con amargura nuestros compromisos y vamos llevando como una pesada carga los signos religiosos, cuando deberían estar inscritos en nuestro corazón y resplandecer por la paz, la armonía y la felicidad que nos proporciona la presencia de Jesús. No quiere decir que no haya problemas o que no necesitemos conversión, sino que, con la presencia de Jesús, aunque seamos un pequeño resto, tenemos la esperanza cierta de construir el nuevo pueblo.
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Santo Evangelio Diario 3 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz Obispo de irapuato 03.07.2026 4min3 Julio Santo Tomás, Apóstol Efesios 2, 19-22: “Ustedes han sido edificados sobre el cimiento de los apóstoles” Salmo 116: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” San Juan 20, 24-29: “¡Señor mío y Dios mío!” Célebre sea hecho el dicho que brota de la actitud de Santo Tomás: “Yo hasta no ver, no creer”. Pero quizás la más grande enseñanza sería precisamente lo contrario: “Después de haber visto, creer firmemente y con compromiso”. La señal que exige Tomás de meter sus dedos en “la llaga de los clavos y su mano en el costado” tiene una respuesta en Jesús que está dispuesto a ofrecer las pruebas con tal de que Tomás pueda estar seguro de que Cristo está vivo y resucitado. Una vez visto, Tomás se compromete en serio y con humildad reconoce a Jesús como su Dios y Señor. Se hace fiel servidor del Evangelio y, como apóstol verdadero, lleva su mensaje por todas las partes. Esa es la misma misión del discípulo de Jesús: experimentar la resurrección del Señor y llevar el evangelio a todos los rincones. La resurrección tiene el presupuesto de la cruz. Las llagas, que pide tocar Tomás, nos hacen comprender que el que está vivo, es el mismo que fue crucificado. Hoy en un mundo escéptico y pragmático, se necesitan también las pruebas de que Cristo está resucitado y nosotros podemos ofrecerlas. Nosotros tenemos que ser los hombres de fe que se atrevan a desafiar las dudas de una sociedad que no quiere creer en nada y que sin embargo en su interior necesita seguridades que la sostengan. Nosotros hemos creído pero nuestra fe se hará creíble si logramos meter nuestra mano y nuestros dedos en las llagas del Cristo que ahora está sufriendo, en los dolores que brotan de la pobreza y de la miseria, en el compromiso serio de quien tiene la certeza de que Jesús ha resucitado. Nuestra sociedad necesita fe para salir del bache de crisis en que ha caído por confiar demasiado en sus fuerzas y en los bienes materiales; nuestra sociedad necesita fe para superar las graves consecuencias de las luchas fratricidas que la tienen al borde de la desesperación. Y esa fe la podemos ofrecer quienes confiamos en Cristo resucitado, pero no será escudándonos en ella y aislándonos para no comprometernos, será metiendo las manos en las llagas de dolor que hoy atenazan a los más pequeños. Que también hoy sean nuestras las palabras de Tomas: “¡Señor mío y Dios mío!” Y que lo reconozcamos en los dolores de nuestra sociedad.
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Santo Evangelio Diario Monseñor Enrique Diaz Diaz Obispo de Irapuato 03.07.2026 4min2 Julio Amós 7, 10 - 17: “Ve y profetiza a mi pueblo” Salmo 18: “La voluntad de Dios es santa” San Mateo 9, 1-8: “La gente glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres” Señor Jesús, hoy hemos escuchado tu admirable poder y nos quedamos sorprendidos de tu forma de actuar. Eres maravilloso y te diriges a lo profundo del corazón. Nosotros también hoy estamos paralíticos y no podemos actuar. Nos han paralizado el miedo, la comodidad y el egoísmo. Las situaciones cada día son más graves y nuestra forma de responder es cada día más inoperante. Estamos paralíticos, pero buscamos las soluciones solamente en el exterior. Como si el cuerpo entero de la sociedad se pudiera sostener por las apariencias y las normas externas. Queremos la salud de nuestra patria y estamos dispuestos a pequeños sacrificios, pero no estamos dispuestos a cambiar realmente de opciones, de actitud y de valores. Quisiéramos que nos sanaras con tan sólo presentarte una oración y una súplica por este enfermo que yace paralítico. Y hoy, igual que en aquel tiempo, tu palabra va dirigida primero a lo más importante: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”. Sí, despertar nuevamente la confianza y la esperanza, que no hay peor pecado que el pesimismo y la derrota. Tus palabras son para alentar nuevas esperanzas y para tener confianza en que tú caminas a nuestro lado. Dulce palabra la que diriges al paralítico de hoy: “Hijo”. Y después nos haces ver que estás dispuesto a reconstruir desde la raíz al hombre. Hay que quitar el pecado del corazón. El pecado paraliza al hombre. El verdadero pecado lo vuelve ambicioso, egoísta, cruel y sanguinario. El pecado pudre las sociedades y desbarata la fraternidad. Por eso antes que nada tenemos que reconstruir al hombre desde el interior y sólo tú puedes hacerlo. Pero tú siempre nos amas y siempre estás dispuesto a iniciar el proceso de reconstrucción. Mira el corazón de cada uno de nosotros. Limpia nuestros pecados, purifica nuestras intenciones, fortalece nuestra voluntad e ilumina nuestra inteligencia. Sólo entonces podremos ponernos de pie y sostenernos en la lucha. Sólo entonces podremos volver a la casa paterna y compartir el amor de nuestro Padre con los hermanos. No nos dejes caer en la falsedad de creer que se puede construir desde el exterior. Sólo tú puedes perdonar los pecados. Señor, Jesús, sana a este pueblo que se encuentra paralítico y sin esperanza. Renueva el ánimo y el deseo de levantarse y de volver a casa, a la casa del Padre.
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