Rentabilizar - Crecer - Trascender
Guillermo Reyes · bpst.me
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El podcast explica por qué muchas empresas no fracasan por falta de ideas, sino por exceso de ruido. Guillermo Reyes comparte su experiencia de tres décadas en consultoría, con cientos de empresas en veintisiete países. En episodios breves, ofrece conversaciones sobre estrategia, escucha y las decisiones difíciles que separan a una buena empresa de un verdadero legado. Está dirigido a líderes y dueños de negocio que buscan claridad para rentabilizar, crecer y trascender.
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La voz del cliente como brújula 16.09.2026 5นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy no te voy a dar una opinión. Te voy a dar números. Porque hay una idea que defiendo con datos, no con corazonadas, y quiero que hoy se te quede grabada. Las empresas que de verdad deciden escuchar a sus clientes, y a su gente, crecen más rápido y valen más que las que no lo hacen. No es filosofía. Está medido.Déjame empezar por el dato que a mí más me impresiona. La firma Watermark Consulting siguió durante casi dos décadas a las empresas líderes en experiencia del cliente, y las comparó con las rezagadas, las que ignoraban esa voz. ¿El resultado en la bolsa de valores? Las líderes generaron un rendimiento para sus accionistas cerca de ocho veces mayor que el de las rezagadas. Ocho veces. Y esto no fue un buen trimestre con suerte. Fueron casi veinte años, cruzando crisis y recuperaciones. En paralelo, otro estudio, el de Forrester, encontró que las líderes en experiencia crecían en ventas alrededor del diecisiete por ciento al año, mientras las rezagadas apenas el tres por ciento. Escuchar al cliente no es un gasto de mercadotecnia. Es una de las mejores inversiones que existen.¿Y por qué pasa esto? La respuesta la dio Fred Reichheld, un investigador de la firma Bain, que descubrió algo demoledor. Aumentar apenas un cinco por ciento la retención de tus clientes puede elevar tus utilidades entre un veinticinco y un noventa y cinco por ciento. Un cliente que se queda, que regresa, y que además te recomienda, es la máquina de rentabilidad más poderosa que tiene tu empresa.Y para medir eso, Reichheld creó una herramienta que uso todos los días, el NPS, el índice de recomendación neta. Se basa en una sola pregunta, ¿qué tan probable es que nos recomiendes a un amigo? Y aquí va la frase que quiero que te lleves. El NPS no mide la felicidad del cliente. Mide la salud de tu negocio. Porque un cliente que te recomienda es un cliente que va a volver, y que te va a traer a otros gratis.Pero cuidado, porque aquí está la trampa donde caen casi todos. No basta con medir. La mayoría de las empresas aplican la encuesta, sacan el número, hacen una gráfica bonita, y la archivan. Eso no es escuchar. Eso es teatro. Escuchar de verdad es cerrar el círculo, y eso se hace en dos niveles. Está el bucle interno, que es contactar al cliente específico que te dio la mala calificación, y resolverle. Y está el bucle externo, que es arreglar la causa de raíz, la que está en el sistema, para que ese problema no le vuelva a pasar a nadie más.Déjame bajarlo a un caso real. Hace unos años trabajé con una firma de servicios financieros en Ciudad de México. Tenían un proceso de crédito impecable, aprobaban en minutos. Y aun así, sus clientes estaban molestos, y ellos no entendían por qué. Cuando escuchamos de verdad, con el NPS, apareció la fuga. Aprobaban el crédito en minutos, pero la tarjeta física tardaba catorce días en llegar. Catorce días de silencio total, en los que el cliente pasaba de la emoción a la desconfianza. La solución fue simple, una vez que la escuchamos. Una tarjeta digital para usar de inmediato, y avisos por WhatsApp en cada paso. En seis meses, su NPS subió veinticinco puntos. El dato les señaló la fuga exacta.Y un caso todavía más contundente. Una empresa de telecomunicaciones que operaba en tres países de Centroamérica, con la operación coordinada desde San Salvador. Su NPS estaba en números negativos, los clientes hablaban mal de ellos. Se pusieron a escuchar en serio, y a cerrar los dos bucles. ¿El resultado en ocho meses? El NPS pasó de negativo a más de cincuenta y nueve puntos. Las suscripciones crecieron setenta y dos por ciento. Y las renovaciones, escucha bien este número, aumentaron ciento veintinueve por ciento. Escuchar al cliente movió el estado de resultados completo.Y aquí quiero dejarte un puente hacia lo que viene, porque es la parte que casi todos los líderes se saltan. La experiencia del cliente es el final de la película. Río arriba está la experiencia de tu gente. Es imposible tener un cliente que te recomiende, si lo atiende un colaborador que ya se rindió por dentro. Pero de eso hablamos en el siguiente episodio.Por ahora, el mensaje de hoy es incómodo a propósito. Lo más probable es que tú ya midas la satisfacción de tus clientes. La pregunta difícil no es si la mides. Es si haces algo con lo que te dice. Una encuesta que no dispara una acción no es escuchar. Es teatro. Y el teatro no hace crecer las ventas.Así que tu reto de esta semana conecta con la disciplina de ejecución de la que ya hablamos. Busca tu última encuesta de clientes, o tu bitácora de quejas. Encuentra la queja que más se repite, la número uno. Y ahora rastrea una sola cosa, ¿quién es el dueño, con nombre y apellido, de arreglar la causa de raíz de esa queja? Si la respuesta es nadie, acabas de descubrir por qué tu NPS no se mueve. Asígnale un dueño esta misma semana. Ahí empieza a escuchar de verdad.En el próximo episodio subimos río arriba, a la voz que casi nadie mide y que lo determina todo. La voz de tu propia gente. Te voy a mostrar por qué la insatisfacción de tus colaboradores aparece siempre antes que la de tus clientes, y esa, antes que la caída de tus ingresos. El eNPS, como el sistema de alerta más temprano que tienes. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
El momento bisagra 09.09.2026 4นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy quiero hablarte de esas personas incómodas que, muchas veces sin proponérselo, terminan salvando a una empresa. Y del instante exacto en que una organización cambia de rumbo para siempre.Déjame empezar por algo que he comprobado en cada transformación real que he acompañado. Detrás de todas, sin excepción, hubo una conversación. Una conversación que alguien se atrevió a tener, justo cuando todos los demás habían decidido no tenerla. Alguien que dijo en voz alta lo que nadie quería escuchar. Y en ese instante suele ocurrir algo que yo llamo el momento bisagra. El punto en el que el líder deja de defender el pasado, y por primera vez voltea a ver lo que es posible. Algo viejo se rompe, y algo nuevo empieza.Y aquí va un detalle que me parece fascinante. La persona que dice la verdad casi nunca es la que uno esperaría. Rara vez es el segundo de a bordo, o el director de finanzas, porque esas personas suelen estar demasiado comprometidas con que todo siga igual. La verdad casi siempre llega de tres lugares. Del disidente técnico, alguien dos o tres niveles hacia abajo que está tan cerca de la realidad que le quema en las manos. Del heredero, en las empresas familiares, que puede hablarle al fundador desde el amor y no desde la jerarquía. Y del consultor externo, que llega con el mandato de ser honesto. Y en ese instante, el único trabajo del líder es no dispararle al mensajero.Déjame contarte un caso real que me costó caro. Hace unos años trabajé con un grupo empresarial familiar en Santiago. El líder estaba empeñado en una adquisición muy grande, en el extranjero. Y con el tiempo entendí que esa compra no respondía a la estrategia. Respondía a su ego. Iba a ser su gran monumento personal. Toda la sala se había alineado detrás de la idea, nadie contradecía al jefe. Pero durante el análisis de la operación apareció un número. Un solo dato que hacía que esa compra fuera, sencillamente, indefendible. Y alguien tuvo que decirlo en la reunión. Ese alguien fui yo. Se hizo un silencio espeso. Esa misma noche me llamó. Estuvo varios días dándole vueltas. Y tres semanas después, canceló la adquisición. Ese fue su momento bisagra. ¿El precio que yo pagué? No renovaron mi contrato. Y aun así, lo volvería a hacer, porque para eso me habían contratado. No para aplaudir, sino para decir la verdad.Ahora déjame llevarte al momento bisagra más famoso del mundo de los negocios, y es uno donde el líder se dijo la verdad a sí mismo. Intel, mil novecientos ochenta y cinco. La empresa llevaba años perdiendo dinero en el negocio que la había fundado, las memorias, aplastada por la competencia japonesa. Sus ganancias se habían desplomado, de ciento noventa y ocho millones de dólares, a menos de dos millones en un solo año. Y sus dos líderes, Andy Grove y Gordon Moore, llevaban casi un año paralizados, sin atreverse a decidir. Hasta que un día, Grove le hizo a Moore una pregunta genial. Le dijo, si a nosotros nos corrieran, y el consejo trajera a un nuevo director general, ¿qué crees que haría? Moore respondió sin dudar, nos sacaría del negocio de las memorias. Grove lo miró, y le dijo, ¿y por qué tú y yo no salimos por esa puerta, volvemos a entrar, y lo hacemos nosotros mismos? Y eso hicieron. Abandonaron las memorias, cerraron plantas, recortaron cerca de una tercera parte de la empresa, y apostaron todo a los microprocesadores. Esa apuesta convirtió a Intel en un gigante. Y todo empezó con una pregunta que les permitió verse con los ojos de un extraño.Entonces, el mensaje de hoy es este. El momento bisagra casi nunca llega como una iluminación estratégica brillante. Llega como una verdad incómoda que alguien por fin se atreve a decir, o que tú por fin te permites escuchar. La transformación no empieza cuando encuentras la respuesta. Empieza en el instante en que dejas de defenderte de la pregunta.Y por eso tu reto de esta semana es justamente esa pregunta, la de Intel. Imagina que hoy el consejo te destituye, y trae a un sucesor que no tiene ningún cariño ni ningún compromiso con las decisiones que tú tomaste en el pasado. Alguien totalmente nuevo, que mira tu empresa con ojos fríos. Pregúntate, con toda honestidad, ¿qué es lo primero que esa persona haría el lunes por la mañana? Y cuando tengas la respuesta, hazte la pregunta que de verdad importa. ¿Por qué no lo estás haciendo tú?Con esto cerramos el bloque del permiso, el del camino hacia adentro. En el próximo episodio cruzamos al otro lado del umbral, para ver qué pasa cuando una empresa por fin se da el permiso de escuchar. Y vamos a empezar por la voz más importante de todas, esa que muchas veces medimos mal, o de plano no medimos. La voz del cliente, como brújula de toda la estrategia. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
La grieta 02.09.2026 4นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy quiero contarte cuál es, en mi experiencia, el momento más peligroso en la vida de una empresa. Y te va a sorprender, porque no es cuando todo va mal. Es cuando todo va bien.Te lo digo por algo que descubrí con los años. Las empresas que más me ha costado transformar no eran las que estaban en crisis. Al contrario. Eran las que estaban convencidas de que no la necesitaban. Cuando los números vienen bien, cuando el mercado te sonríe, se instala una sordera muy peculiar. Dejas de escuchar, porque escuchar se vuelve incómodo para la historia de éxito que ya te contaste.Y ahí es donde aparece lo que yo llamo la grieta. La grieta es esa primera fisura, esa señal pequeña que aparece siempre antes de un cambio importante. A veces la grieta es un número que se empieza a mover en la dirección equivocada. Pero muchas veces, y esto es lo interesante, la grieta ni siquiera está en un reporte. Es una sensación. Es esa incomodidad persistente de que algo no está del todo bien, aunque todos los indicadores digan lo contrario. Yo la llamo el insomnio existencial del líder.Déjame contarte un caso real. Hace unos años recibí una llamada, ya entrada la noche, de un empresario en Buenos Aires. No me buscaba por una crisis financiera. No tenía un problema de mercado. Su grupo iba bien, de verdad, todo en verde sobre el papel. Me buscaba porque no podía dormir. Tenía la sensación, que no lograba explicar, de que su empresa estaba a punto de dejar pasar algo importante. Muchos en su lugar habrían ignorado esa molestia, la habrían tapado con los buenos resultados del trimestre. Él no. Se atrevió a escucharla. Y esa incomodidad, esa grieta, fue justamente la puerta de entrada a una de las transformaciones más profundas que he acompañado. Porque decidió mirar la fisura, en lugar de pintarla del color de la pared.Ahora déjame llevarte al caso contrario, al más doloroso de todos, y es público. Kodak. En mil novecientos setenta y cinco, un joven ingeniero de la propia Kodak, Steven Sasson, construyó algo asombroso. La primera cámara digital del mundo. Pesaba trece kilos, guardaba la imagen en una cinta, era torpe y lenta. Pero funcionaba. Ese muchacho le llevó a la dirección de Kodak, literalmente, el futuro de la fotografía en las manos. ¿Y sabes cómo reaccionaron los directivos? Con un entusiasmo tibio. Lo vieron como un juguete curioso, y le dijeron, en esencia, qué bonito, pero no se lo cuentes a nadie.Y aquí viene el detalle que me pone la piel de gallina. En mil novecientos setenta y nueve, un reporte interno de la propia Kodak predijo que lo digital podría reemplazar al rollo fotográfico alrededor del año dos mil diez. Lo vieron venir con más de treinta años de anticipación. Tenían la tecnología, tenían el talento, y tenían hasta la fecha aproximada. La grieta no podía ser más clara. Pero proteger el negocio del rollo se sentía razonable cada trimestre. Y trimestre a trimestre, año con año, eligieron tapar la grieta en lugar de cruzarla. En dos mil doce, después de más de ciento treinta años de historia, Kodak se declaró en bancarrota. La empresa que inventó la cámara digital, murió a manos de la cámara digital.Entonces, el mensaje que quiero dejarte hoy es este. La grieta no es una amenaza. Es una invitación. No es la señal de que algo está mal contigo o con tu empresa. Es la señal de que algo nuevo quiere nacer, y de que tienes la oportunidad de reinventarte a tiempo, mientras todavía tienes fuerza para hacerlo. El problema nunca es la grieta. El problema es fingir que no la ves.Y por eso tu reto de esta semana es un acto de honestidad contigo mismo. Piensa en esa cosa de tu negocio que, en el fondo, sabes que no está del todo bien, pero que sigues justificando porque los números todavía aguantan. Esa que evitas pensar los domingos por la noche. No te pido que la resuelvas hoy. Te pido algo más difícil. Te pido que dejes de fingir que no la ves. Escríbela en una hoja. Ponle nombre. Porque nombrar la grieta es el primer acto de valentía, y sin ese paso, ninguno de los demás es posible.En el próximo episodio vamos a hablar de lo que pasa justo después de que aparece la grieta. Porque para cruzarla, casi siempre hace falta que alguien se atreva a decir en voz alta lo que nadie quería escuchar. Ese instante, en el que se rompe algo viejo y empieza algo nuevo, es uno de los más poderosos que he presenciado. Yo lo llamo el momento bisagra. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
El ruido que viene de adentro 26.08.2026 5นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy quiero empezar con una frase incómoda, una que he comprobado tantas veces que ya no me atrevo a suavizarla. El mayor obstáculo de tu empresa, muy probablemente, tiene tu cara.Déjame explicarte por qué lo digo. Después de tantos años haciendo esto, aprendí a detectar el problema de una empresa antes de ver un solo número. Porque el ego del líder no espera a que llegues a la sala de juntas. Llega antes. Se asoma en cómo se arma la reunión, en quién la convoca, en si te reciben solo o rodeado de todo el equipo, en si el director llega puntual o te hace esperar veinte minutos, para recordarte, sin decirlo, quién manda ahí. Y con una frecuencia que ya no me sorprende, el problema más grande de esa empresa no está en sus procesos, ni en su mercado. Está en la persona que me va a recibir.Y ojo, porque yo también tuve que mirarme en ese espejo. Este no es un sermón que doy desde afuera.Para entender esto hay que empezar por una distinción que parece obvia, pero que lo cambia todo. La diferencia entre oír y escuchar. Oír es un acto físico, es recibir el sonido. Escuchar es otra cosa. Es comprender, procesar, y dejar que lo que recibes tenga el poder de cambiar tu opinión, o incluso tu decisión. El problema es que casi todos los líderes que solo oyen están convencidos de que escuchan. Tienen un filtro invisible que deja pasar solo lo que confirma lo que ya creen. El resto, simplemente, rebota.En mi libro El Permiso de Escuchar describo las cinco máscaras que usa ese ego para disfrazarse, porque el ego rara vez se presenta con su nombre. Se disfraza de virtud. Está el dictador silencioso, que centraliza todo, y enseña al equipo a ejecutar sin pensar. Está el paternalista, que resuelve los problemas de su gente en lugar de desarrollarla, y así los vuelve dependientes para siempre. Está el que oye sin escuchar, que asiente en la junta, y no hace nada después. Está el protector de territorio, que se queda callado en la reunión, y luego bloquea todo en la implementación. Y está el buscador de consenso, que convoca a todos, nunca decide, y diluye la responsabilidad hasta que la iniciativa muere.Déjame llevarte a un caso real, el del dictador silencioso, que es quizá el más costoso. Hace unos años trabajé con una empresa de servicios en Lima. El fundador era brillante, de verdad, de los más capaces que he conocido. Pero centralizaba absolutamente todo. Y con los años, sin darse cuenta, había entrenado a su gente para no traerle problemas. La consecuencia fue silenciosa y peligrosa. El sistema de alerta temprana de la empresa se había apagado. La gente de abajo veía venir las cosas, pero había aprendido que avisar no servía de nada, o que hasta salía caro. Así que un problema que muchos vieron llegar de lejos golpeó a la empresa como si hubiera sido una sorpresa. Y no fue una sorpresa. Fue un silencio.Eso mismo, pero a escala mundial, es la historia de Nokia. Poca gente lo recuerda, pero Nokia tenía, dentro de casa, tecnología táctil años antes de que apareciera el iPhone. Sus ingenieros sabían lo que se venía. Tenían la evidencia en las manos. Lo que también tenían era una cultura donde las malas noticias no subían, y donde contradecir la versión oficial te costaba caro en lo personal. El talento estaba ahí. Lo que se había roto era el puente para que ese talento llegara a quien decidía. Para dos mil trece, Nokia vendió su división de teléfonos a Microsoft, por una fracción de lo que alguna vez valió.Y como no todo es tragedia, déjame contarte la otra cara. Cuando Satya Nadella llegó a dirigir Microsoft, en dos mil catorce, encontró justo estos patrones, gente protegiendo territorio, consenso usado para frenar. ¿Y sabes qué hizo? No llegó con una tecnología mágica. Cambió su propio comportamiento. Empezó a hacer preguntas en lugar de dar respuestas. Empezó a reconocer en público sus propios errores. En esos diez años, el valor de Microsoft pasó de unos trescientos mil millones de dólares a más de tres millones de millones. No porque Nadella fuera más listo que todos. Sino porque le abrió la puerta a la inteligencia que ya vivía dentro de la empresa, y que antes no se atrevía a hablar.Entonces, el mensaje de hoy es este, y quiero que se te quede clavado. El ruido más caro de tu empresa casi nunca viene del mercado. Viene de adentro. Y muchas veces, viene del espejo. Lo más probable es que tu organización ya sepa las respuestas a las preguntas que más te importan. Lo que pasa es que ha aprendido que no es seguro decírtelas.Y por eso tu reto de esta semana es de una valentía muy silenciosa. En tu próxima reunión, haz una pregunta de verdad, y después quédate callado. Aguanta el silencio. Cuenta hasta diez en tu cabeza antes de volver a hablar, y deja que alguien más llene ese espacio. Y mientras escuchas, hazte una sola pregunta honesta. ¿La gente me está diciendo lo que de verdad pasa, o me está diciendo lo que cree que quiero oír? Si es lo segundo, entonces ya sabes dónde empieza el trabajo. Y no empieza en ellos.En el próximo episodio vamos a hablar de lo que aparece justo antes de todo cambio verdadero. Una señal incómoda, casi siempre silenciosa, que la mayoría prefiere tapar en lugar de mirar. Yo la llamo la grieta. Y aprender a reconocerla, en lugar de taparla, puede ser la diferencia entre reinventarte a tiempo, o enterarte demasiado tarde. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
La ejecución es la estrategia 19.08.2026 5นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy quiero empezar con una frase que a muchos estrategas les incomoda, pero que he comprobado una y otra vez a lo largo de los años. Una estrategia mediocre, ejecutada de forma extraordinaria, casi siempre le gana a una estrategia brillante que se quedó en el papel.Te lo confieso, a mí me costó aceptarlo. En mis primeros años me enamoraba del plan. Del análisis elegante, del modelo perfecto. Y con el tiempo entendí que el plan es apenas la mitad más fácil del trabajo. La mitad difícil, la que casi nadie quiere hacer, es ejecutar. Levantarte el martes, y el martes siguiente, y el otro, a empujar las mismas pocas cosas hasta que ocurren.Y hay un número que lo retrata muy bien. Dos investigadores, Mankins y Steele, lo publicaron en Harvard Business Review. Descubrieron que, en promedio, las empresas solo capturan alrededor del sesenta y tres por ciento del valor que sus propias estrategias prometían. Piénsalo. Casi cuatro de cada diez pesos de valor que el plan prometía se pierden en el camino. Y no se pierden por tener una mala idea. Se pierden en la ejecución.Por eso yo insisto tanto en algo que se ha vuelto una de mis frases de cabecera. La ejecución no es lo que viene después de la estrategia. La ejecución es la estrategia. Y su enemigo número uno tiene nombre. Se llama complejidad. Cada prioridad de más, cada indicador de más, cada capa de aprobación de más, le va poniendo arena a la maquinaria, hasta que todo se mueve en cámara lenta.Déjame contarte el caso que mejor ilustra esto, y es uno público, así que puedo darte los nombres. En dos mil seis, Ford estaba al borde del abismo. Ese año perdió más de doce mil millones de dólares, la peor pérdida de su historia. Y por dentro tenía una cultura tóxica, donde nadie se atrevía a decir la verdad. En las juntas, todos los ejecutivos presentaban sus proyectos en verde, todo bien, todo bajo control, aunque el barco se estuviera hundiendo. Nadie quería ser el portador de las malas noticias.Entonces llega un hombre de fuera de la industria, Alan Mulally, que venía de Boeing. Y no llegó con una estrategia deslumbrante y nueva. Llegó con disciplina de ejecución. Instaló una reunión semanal, la revisión del plan de negocio, donde cada líder tenía que presentar en persona, sin mandar a un sustituto, el estado real de sus proyectos, con un código de colores. Verde, vamos bien. Amarillo, hay problemas, pero sé cuáles son. Rojo, estoy en problemas y no sé cómo salir. La primera vez que un ejecutivo se atrevió a poner un proyecto en rojo, la sala se congeló, esperando el regaño. Y en lugar de regañarlo, Mulally aplaudió. Por fin alguien decía la verdad. Ese aplauso cambió la empresa.Simplificó el negocio bajo una sola idea, un solo Ford, One Ford. Hipotecó los activos de la compañía, hasta el óvalo azul del logotipo, para conseguir financiamiento antes de que estallara la crisis. Y el resultado quedó para la historia. Cuando llegó la gran crisis de dos mil ocho, y sus vecinos de Detroit tuvieron que ir a pedir rescate al gobierno, Ford fue el único de los tres grandes que no quebró y que no necesitó un solo dólar de rescate. No los salvó un plan más inteligente. Los salvó ejecutar con disciplina y con honestidad.Ahora déjame bajarlo a una escala más cercana, con un caso real que viví. Hace unos años acompañé a una empresa de distribución y consumo en Guadalajara. Tenían un plan excelente, de verdad, bien pensado. Pero llevaba más de un año sin moverse. Ni una sola de sus grandes iniciativas avanzaba. ¿Y sabes qué hicimos? No reescribimos la estrategia. No le agregamos nada. Solo instalamos disciplina. Redujimos el plan a pocas prioridades, y a cada una le pusimos un dueño con nombre y apellido, no un comité, no un área, una persona. Y una reunión corta, cada semana, con una sola regla, decir la verdad de lo que estaba en rojo. En pocos meses, cosas que llevaban un año atoradas empezaron a caminar. El plan nunca cambió. Lo que cambió fue la disciplina para ejecutarlo.Entonces, el mensaje de hoy es directo, y quiero que te pique. Lo más probable es que tú no tengas un problema de estrategia. Tengas un problema de ejecución. Porque a casi todos nos encanta la parte emocionante, diseñar el plan, imaginar el futuro. Y a casi nadie le gusta la parte aburrida, la que de verdad produce resultados, que es empujar lo mismo, con orden, semana tras semana.Y por eso tu reto de esta semana es pequeño y muy concreto. Elige una sola iniciativa importante que lleve tiempo atorada. Una. Asígnale un único dueño, una persona con nombre, no un grupo. Y agenda una revisión de treinta minutos cada semana, con una sola regla, que se diga la verdad de lo que está en rojo. Sostén eso durante un mes. Vas a ver moverse algo que llevaba meses inmóvil. Y vas a comprobar, en tu propia empresa, que la ejecución es la estrategia.Con esto cerramos el primer bloque de esta serie, el del qué. Qué es la estrategia, por qué fracasa, cómo simplificarla y cómo ejecutarla. En el próximo episodio cambiamos de terreno, y nos vamos hacia adentro, hacia la parte más humana y, para mí, la más importante de todas. Vamos a hablar del ruido que viene de adentro. Del ego del líder. Y de por qué el primer permiso que tienes que darte, antes de escuchar a cualquiera, es el permiso de escucharte a ti mismo con honestidad. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
Volver a lo básico 12.08.2026 6นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy quiero hablarte de la cosa más difícil que existe en la estrategia, y que, curiosamente, suena a lo más fácil del mundo. La simplicidad.Déjame arrancar con una escena. Hace algunos años, en una oficina en Panamá, un director general me recibió muy orgulloso. Sobre la mesa tenía su plan estratégico. Un documento hermoso, encuadernado, de casi doscientas páginas. Análisis de mercado, escenarios, proyecciones, todo impecable. Y yo, en lugar de felicitarlo, le hice una sola pregunta. Le dije, explícamela en un minuto, como si yo fuera uno de los vendedores de tu piso, y solo tuvieras el tiempo de subir juntos en el elevador.Se hizo un silencio incómodo. Empezó, se detuvo, volvió a empezar, se enredó. Al final, no pudo. Y no era por falta de inteligencia, al contrario, era de las personas más brillantes que he conocido. El problema era otro. Ese plan de doscientas páginas nunca había sido destilado hasta su esencia. Y una estrategia que no cabe en la cabeza de quien la tiene que ejecutar no sirve, por más bonita que se vea sobre la mesa.Aquí quiero ser muy claro, porque esto se presta a confusión. Volver a lo básico no es volverse simplista. No es tener menos ambición. Simplificar es, en realidad, el trabajo más difícil que hay, porque te obliga a decidir. Acumular es fácil. Agregarle una iniciativa más al plan no le cuesta nada a nadie. Lo que cuesta, lo que de verdad duele, es elegir. Decir esto sí, y esto no.Y para eso, en mi práctica uso dos herramientas muy sencillas. La primera es la Pirámide Estratégica. Es una forma de ordenar la empresa por niveles, donde todo tiene que conectar de arriba hacia abajo. En la punta va lo más importante, y también lo que más se nos olvida preguntar. ¿En qué negocio estás realmente? Debajo van los pocos objetivos que de verdad importan. Y más abajo, las acciones del día a día, con los indicadores que te dicen si vas bien. La regla es brutal de tan simple. Si una iniciativa, allá abajo, no conecta con el propósito de allá arriba, entonces no es estrategia. Es ruido.Esa pregunta de la punta, la de en qué negocio estás, no es nueva. En mil novecientos sesenta, un profesor de Harvard llamado Theodore Levitt escribió algo que se volvió legendario. Explicó que los grandes ferrocarriles de Estados Unidos entraron en decadencia por una razón increíble. Creían que estaban en el negocio de los trenes. Y no lo estaban. Estaban en el negocio del transporte. Cuando llegaron el automóvil y el avión, ellos, que tenían todo para dominar el movimiento de personas y mercancías, se quedaron mirando sus rieles. Confundieron lo que hacían con la razón por la que existían. Y eso les costó todo.Déjame bajar esto a un caso real. Hace unos años acompañé a una cadena de cafeterías que crecía en varios países de la región. Estábamos en un taller, en Bogotá, y les puse justo esa pregunta de la punta de la pirámide. ¿Ustedes están en el negocio del café, o en el negocio de cómo la gente consume el café? Parece un juego de palabras, pero lo cambió todo. Cuando entendieron que su negocio no era el grano, sino el momento y la forma en que el cliente lo tomaba, nació un formato mucho más ágil, para tomar y llevar, lo que ellos llamaron pick and go, y un modelo replicable, un plug and play, que les permitió abrir muchísimas tiendas sin perder su esencia. No cambiaron de producto. Cambiaron de definición. Y esa nueva definición, en la punta de la pirámide, ordenó todo lo que venía debajo.La segunda herramienta es todavía más humilde. Se llama One Page Strategy, la estrategia en una sola página. Y la idea es exactamente esa. Toda tu estrategia, la de verdad, debe caber en una hoja que cualquier persona de tu empresa pueda leer y entender. Aquí viene el dato que a mí me sacude cada vez que lo repito. Kaplan y Norton, los creadores del Balanced Scorecard, publicaron en Harvard Business Review que, en promedio, solo el cinco por ciento de los empleados entiende la estrategia de su empresa. Cinco por ciento. Eso significa que noventa y cinco de cada cien personas que trabajan en una compañía toman decisiones todos los días sin saber bien para dónde va el barco. Y luego nos preguntamos por qué las estrategias no se ejecutan.Entonces, el mensaje de hoy es este, y quiero que te pique un poco. Si tu estrategia necesita doscientas páginas, y no la puedes explicar en el elevador, el problema no es que tu negocio sea demasiado complejo. El problema es que todavía no has hecho el trabajo de simplificarlo. La complejidad no siempre es señal de sofisticación. Muchas veces es solo señal de que nos dio pereza decidir.Y por eso tu reto de esta semana es un ejercicio de una sola hoja. Toma una página en blanco, y trata de escribir tu estrategia completa ahí, sin trampas. En qué negocio estás de verdad. Las dos o tres cosas en las que vas a ganar. Y cómo vas a saber que estás ganando. Si todo cabe con claridad en esa hoja, felicidades, tienes una estrategia. Si no cabe, no te frustres. Acabas de descubrir con toda precisión cuál es tu tarea pendiente.Y déjame cerrar con un guiño. ¿Te acuerdas del grupo automotriz del primer episodio, el que pasó de cuarenta iniciativas a ocho? Eso, ni más ni menos, fue volver a lo básico.En el siguiente episodio vamos a dar el paso que casi todos se saltan. Porque tener la estrategia en una página es apenas la mitad del camino. La otra mitad, la más dura, es ejecutarla. Ahí te voy a mostrar por qué la complejidad es el enemigo número uno de la ejecución, y por qué las empresas que de verdad ganan no son las que más planean, sino las que mejor ejecutan. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
Por qué fracasan las estrategias 05.08.2026 5นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy quiero contarte por qué he visto morir a tantas estrategias buenas, y por qué he visto a empresas gastar una fortuna en un plan que jamás llegaron a usar.Déjame empezar por lo que veo en la cancha. En más de tres décadas de trabajo, después de cientos de proyectos en veintisiete países, hay algo que se repite con una frecuencia que ya dejó de sorprenderme. De cada diez empresas a las que llego, seis o siete ya tienen su estrategia dibujada de alguna forma. Ya la trabajaron. Muchas invirtieron decenas, y a veces cientos de miles de dólares, en talleres, en asesores, en el diseño y la definición de ese plan. Tienen el documento. Tienen las diapositivas. Tienen la foto del equipo sonriendo el día que lo presentaron.Y lo más lamentable es lo que encuentro después. Pasan los años, y esa estrategia nunca se implementó de verdad. Los resultados que esperaban no llegaron. Las ventas no crecieron como prometía el plan. Muchas veces ni siquiera conocen la lealtad real de sus clientes, porque nunca la han medido. La rentabilidad, en lugar de subir, va cayendo poco a poco. Y casi nunca se han cuestionado con fuerza sus grandes decisiones. Ni en qué invirtieron. Ni de qué debieron desinvertir a tiempo.Y no es solamente lo que yo veo. Los números lo confirman. Harvard Business Review reporta que el sesenta y siete por ciento de las estrategias bien formuladas fracasan, no por ser malas, sino por una mala ejecución. Y los creadores del Balanced Scorecard, Kaplan y Norton, lo ponen todavía más crudo, hasta el noventa por ciento de las organizaciones no logra ejecutar su estrategia. Piénsalo un momento. No estamos hablando de planes mediocres. Estamos hablando de estrategias bien hechas, que de todos modos terminan en el cajón.¿Y por qué pasa esto? Con los años entendí que una estrategia no es lo que tú declaras. Es lo que tú decides cada día. Y entre esas dos cosas, entre lo que se dice en la sala de juntas y lo que se hace en el pasillo, se abre una grieta. En esa grieta es donde las estrategias van a morir.A veces esa grieta nace de buscar la respuesta en el lugar equivocado. Déjame llevarte a Santo Domingo, a principios de los años dos mil. Trabajé con una empresa de confección que había sido líder de su mercado durante décadas. Cuando sus números empezaron a caer, ¿sabes qué fue lo primero que hicieron? Contrataron una auditoría contable. Se pusieron a buscar la respuesta dentro de sus propios estados financieros, en el lugar cómodo, donde siempre la habían encontrado. Pero el problema no estaba adentro. Estaba afuera. El mercado había cambiado por completo, había llegado una competencia con una estructura de costos que ningún ajuste interno podía igualar. Buscaron rápido, en el lugar equivocado, en vez de buscar bien, en el lugar correcto. Y para cuando lo entendieron, ya habían perdido un tiempo valiosísimo.Otras veces la grieta es aún más silenciosa. Piensa en General Electric, que fue durante décadas la empresa más admirada del mundo. En dos mil uno llega un nuevo director general, y declara en cada consejo que el futuro estaba en lo digital y en la energía limpia. Ese era el discurso. Pero en esas mismas semanas, los jefes de cada división aprobaban inversiones que buscaban, en silencio, salvar el trimestre siguiente. Cuando alguien por fin lo midió, encontró algo demoledor. De cada cuatro decisiones de inversión, solo una apuntaba de verdad a las prioridades que se anunciaban arriba. A eso yo le llamo la agenda paralela. La empresa dice una cosa en la cima, y hace otra en la base. Y el desenlace fue brutal. Para dos mil diecisiete, General Electric había perdido más del setenta y cinco por ciento de su valor, y salió del índice Dow Jones, al que pertenecía desde mil novecientos siete.Y aquí está lo que casi nadie te cuenta. La otra cara de la moneda también está medida. Las empresas que sí cierran esa grieta, que ejecutan lo que declaran, tienen alrededor de tres veces más probabilidad de crecer por encima del promedio de su industria. Y las que ponen la experiencia del cliente en el centro crecen mucho más rápido. Forrester siguió a un grupo de empresas durante cinco años, y las líderes en experiencia crecieron alrededor del diecisiete por ciento al año, mientras las rezagadas apenas el tres por ciento.Entonces, este es el mensaje que quiero que te lleves hoy, y quiero que te incomode un poco. Tu estrategia real no vive en tu documento de planeación. Vive en tu calendario y en tu presupuesto. Enséñame en qué gastas tu tiempo y tu dinero, y yo te digo cuál es tu estrategia verdadera, aunque sea muy distinta de la que está enmarcada en la pared.Y con eso, tu reto para esta semana. Es simple, y es incómodo. Pregúntales por separado a tres personas de tu empresa cuál es la estrategia. No se las anuncies, no les des opciones, solo pregúntales. Si te dan tres respuestas distintas, o si dudan, ya encontraste el problema. No es que tu estrategia sea mala. Es que nunca fue de verdad compartida. Y una estrategia que solo vive en la cabeza de quien la escribió no es una estrategia. Es un secreto caro.Nos encontramos en el siguiente episodio, donde vamos a volver a lo básico. Te voy a mostrar dos herramientas muy sencillas, la Pirámide Estratégica y el One Page Strategy, que sirven para que una estrategia deje de vivir en un cajón y empiece a vivir en el día a día de toda la empresa. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
El único experto en tu negocio eres tú 05.08.2026 5นาทีHola, soy Guillermo Reyes. Hoy te comparto algunos pensamientos sobre el error más caro que cometí en mis inicios como consultor, y sobre lo que ese error me enseñó.Te voy a confesar algo. Cuando empecé en esto, hace ya más de treinta años, creía que mi trabajo era ser una de las personas más importantes de la sala. Me estaba formando como consultor en una firma global, había estudiado los mejores marcos, analizado grandes casos, tenía una metodología clara, y llegaba a las reuniones cargado de análisis y de gráficas, convencido de que el cliente me pagaba por traerle la respuesta que él no tenía. En lo personal, me tomó varios años, y algún que otro golpe al orgullo, entender que estaba completamente equivocado.Lo entendí una tarde, en una planta de manufactura en São Paulo. Yo andaba recorriendo el piso buscando más evidencia, y un supervisor de línea, sin una sola diapositiva, con las manos todavía manchadas de grasa, se detuvo a platicar conmigo. En pocos minutos me explicó uno de los grandes problemas que estaba drenando la rentabilidad de esa empresa. Y no solo eso. Me explicó, con una claridad impresionante, por qué estaban perdiendo clientes. Ese hombre tenía el diagnóstico exacto de una fuga de dinero enorme.¿Y sabes qué era lo más increíble? Que ese problema nunca se había escalado. Nunca había subido. Nadie arriba lo había escuchado. Y mientras ese supervisor me hablaba, pensé algo que no se me ha olvidado nunca. La respuesta ya estaba dentro de la empresa. La conocía la gente que hacía el trabajo todos los días. El problema no era la falta de respuestas. El problema era que nadie con el poder de decidir se había detenido a escucharlas.El aprendizaje no solo fue para nuestro cliente. Yo, por mi parte, comprendí algo que me marcó. El verdadero valor de la consultoría no está en el alto volumen de estudios. Está en la profundidad de la escucha, en el análisis, y en la simplicidad de los planteamientos. Ahí visualicé el modelo de consultoría que desarrollaría algunos años después. En ese momento supe que mi práctica debía ser más simple. Que no había necesidad de ser invasivos, pero sí de ser más honestos.Esa es la primera gran verdad que quiero dejarte hoy. El experto en tu negocio eres tú, no yo. Tú conoces tu historia, tu cultura, las entrañas de tu operación. Yo llego con otra cosa. Con una mirada objetiva, sin sentimientos, entrenada en cientos de empresas y proyectos, en veintisiete países, que me deja ver patrones casi invisibles desde adentro. Porque cuando vives dentro de la operación todos los días, lo urgente te tapa lo importante. Por eso el valor no está en tu conocimiento ni en el mío por separado. Aparece justo en el encuentro de los dos.Y aquí viene lo interesante, porque esa mirada de afuera casi siempre encuentra lo mismo. Déjame llevarte a otra escena. Hace ya varios años me senté en una sala de juntas en San José, con el equipo directivo de un grupo automotriz, uno de los equipos mejor preparados que he conocido, que gestionaba varias marcas en la región. Lo tenían todo para estar tranquilos. Marca, red de distribuidores, miles de autos vendidos cada año. Y aun así, los números no cerraban. La mesa era larguísima, y después de un rato, uno de sus directores soltó la frase que lo destrabó todo. Dijo: estamos haciendo muchísimas cosas, pero no sabemos cuáles de verdad importan. La sala se quedó en silencio, porque todos sabían que era cierto.Cuando nos pusimos a contar, tenían más de cuarenta iniciativas abiertas al mismo tiempo, todas peleando por la misma prioridad, la misma gente, el mismo dinero y las mismas horas. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe -
De qué trata este podcast 05.08.2026 2นาทีHola, soy Guillermo Reyes, y te doy la bienvenida a Rentabilizar, Crecer, Trascender.Déjame decirte desde dónde te hablo. Llevo más de tres décadas dedicado a una sola cosa, ayudar a las empresas a transformarse.En ese camino he tenido el privilegio de sentarme en salas de juntas muy distintas. Desde una siderúrgica en São Paulo, o una empresa de papel en Buenos Aires, hasta un consejo en Johannesburgo y en Londres. Pasé también por varias reuniones operativas en Miami, en Ciudad de Panamá, en San José, en Caracas, en Aruba, entre otras. Cientos de proyectos, en veintisiete países. Y en todos esos lugares, tan radicalmente diferentes entre sí, confirmé la misma idea, una que se repite sin importar el idioma ni la moneda. La mayoría de las empresas no fracasa por falta de ideas. Fracasa por exceso de ruido.Ese ruido es la acumulación de prioridades sin criterio, de complejidad sin propósito, de indicadores que miden actividad en lugar de resultados. Y por culpa de ese ruido, las mejores ideas se quedan a medio camino, sin convertirse nunca en resultados.Este podcast es mi intento de ayudarte a bajarle el volumen a ese ruido. En cada episodio, y no te voy a robar más de tres a cinco minutos, quiero dejarte una sola idea para pensar. Con casos reales que he vivido, cada uno con su ciudad y su historia. Y también con casos que todos conocemos, para aprender tanto de los gigantes que acertaron como de los que se quedaron en el camino.Vamos a hablar de qué es de verdad la estrategia, del permiso de escuchar al cliente y al colaborador, del papel del líder cuando la empresa decide, y de cómo se construye un negocio que primero rentabiliza, luego crece, y al final trasciende a quien lo fundó. Sin fórmulas mágicas.Porque el cambio en una empresa casi nunca empieza con una gran inversión. Empieza con una decisión. Y muchas veces, con una simple conversación honesta.Así que ponte cómodo. En el primer episodio te voy a contar el error más caro que cometí como consultor, y por qué me convenció de algo que hoy es la base de todo mi trabajo, que el único experto en tu negocio, siempre, eres tú.Y al final de este camino te vas a dar cuenta de algo. La estrategia no es un cliché, ni un punto en el checklist de una corporación global. Es algo mucho más simple, y está al alcance de todos. Lo mismo de una organización global que de una empresa familiar. Get full access to Guillermo Reyes at bpsinsights.substack.com/subscribe
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